Utilizamos poco esta palabra, pero según algunos, su práctica nunca nos abandona, siempre nos brinda su engañosa e incondicional compañía…estamos inmersos en ella, como quien nada en una piscina enorme, sin comienzo ni fin. Y sí, también a veces soy PROCRATINADORA, aunque mi YO se rebele, patalee o se haga como el que no escucha…

 Procrastinar según la RAE es “diferir, aplazar”.

SegúnWikipedia, “la procrastinación (del latín procrastinarepro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables”.

Y bueno…después de reflexionar acerca de lo que es (y deducir posibles consecuencias, que conozco de cerca y son bien molestas…) cabe preguntarse ¿por qué procrastinamos?

Por lo visto, procrastinamos por muchas razones. Lo que más nos pesa es una tendencia “natural” a privilegiar la satisfacción inmediata (¡¡¡en búsqueda del placer!!! Se llama el lema…o ¡¡¡A liberar dopamina ahora!!!!), antes que logros de mayor envergadura que se orienten a un futuro más o menos cercano. Esto parece estar relacionado además con rasgos de personalidad; personas impulsivas y menos voluntariosas tenderían a ser más procrastinadoras. O sea, plantea un desafío enorme al ejercicio de la voluntad…uffff (en palabras simples, aguantar pasarlo bien inmediatamente en cualquier cosa, para pasarlo mucho mejor en el futuro, manteniendo el foco en las metas fijadas).

Más profundamente puede tener que ver con inseguridades, miedos y temor al fracaso, que hacen pensar algo así como “esto no me va a resultar”, o bien, “no me va a resultar como yo quiero”, cuando somos muy perfeccionistas. Finalmente terminamos no haciendo lo que queremos y aplazando, aplazando y aplazando…

Algo que leí que me hizo mucho sentido, fue que no procrastinamos situaciones concretas, sino más bien, emociones displacenteras. Sin embargo, cuando estamos evadiendo, tampoco es que las actividades sustitutas nos hagan sentir taaaan bien. Muy en el fondo, sabemos que tenemos pendiente algo mucho más relevante y eso también nos genera su cuota de ansiedad y malestar con nosotros mismos. ¿O no? Además, sabemos que tarde o temprano este aplazar en el presente, tendrá un costo alto en el futuro.

Tim Urban, un Blogger que tiene una charla muy buena acerca de procrastinar, refiere que todos somos procrastinadores de una u otra forma y que el gran desafío lo plantean aquellas tareas o proyectos que no tienen plazos concretos. Por ejemplo, querer dejar de fumar, terminar una relación de pareja tóxica o comenzar a ir al gimnasio. De igual forma, generar un proyecto de vida que me resulte satisfactorio.

Tenemos claro que las mujeres nos auto-postergamos bastante en la vida. No profundizaremos en las razones; basta con decir que influyen factores culturales, sociales, económicos, psicológicos, etc., profundamente arraigados en nuestro ser; o sea, un poquito de todo, un verdadero popurrí.

Puede que no sea urgente de resolver, pero cuando postergamos algo en nosotras mismas, algo estamos ignorando, silenciando e invisibilizando…lo que nos hace vivir más o menos desconectadas, como en modo “piloto automático”, desvitalizadas. Esto, que sería el costo de desoírnos, nos hace ruido. Puede ser un ruido tenue y delicado, casi imperceptible, o ser bastante escandaloso, según cuánto de mi estoy postergando. Como sea, hay algo que me inquieta y me persigue.

He visto en mi consulta muchas mujeres padeciendo este dolor, pero llevándolo de manera íntima, ya que sienten no es comprendido, ni mucho menos, acogido. Se sienten desorientadas o tristes, sin saber qué es lo que quieren; nunca lo descubrieron o ya lo olvidaron. Por esto tienden a llenarse de actividades que no les permiten parar, ni mucho menos, reflexionar.

Sin embargo, a veces hay situaciones biográficas, que, aunque la persona se resista, le muestran su Realidad de manera frontal y descarnada. Recuerdo en especial a una paciente cuya única hija se fue a vivir a un país lejano y el mundo se le vino abajo, fue muy desgarrador. Sin embargo, logró ir dándose cuenta de que su sentimiento de nido vacío había sido tan intenso, justamente porque no había un proyecto vital que la llenara. Cuando lo comprendió, se centró en sus necesidades y en lo que quería hacer de su vida. Valoró tener la energía y el tiempo, dejó de victimizarse y comenzó a vivir más para ella y menos para otros.

Proyectar una vida con sentido, previene de la depresión y evita el vacío que dejan los hijos cuando parten. El Bienestar gana, a lo menos, por partida doble.

Y en esta parte no dejo de pensar en un experimento social que se realizó en EE. UU., en que en una calle de N.Y. se colocó una pizarra que decía “escribe tu mayor arrepentimiento” y los transeúntes respondían al pasar. Muchas de las respuestas tenían que ver con el desarrollo personal, como “quedarme en mi zona de confort”, “no haber seguido mi pasión artística” o “no haber seguido mis sueños” (https://www.biobiochile.cl/noticias/2016/04/20/experimento-social-revelo-aquellas-cosas-de-las-que-las-personas-mas-se-arrepienten.shtml).

Resuena en mi cabeza también, lo plasmado en el libro “Regrets of the dying” (Lamentos de los moribundos), de Bronnie Ware, quien cuidó pacientes terminales por mucho tiempo y recopiló los 5 arrepentimientos más comunes entre estos. Quiero destacar dos:

” Desearía haber tenido la valentía de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí”

Según Ware este es el lamento más recurrente; las personas al realizar un balance de su vida se dan cuenta que hicieron lo que consideraban correcto, antes que lo que anhelaban.

“Desearía haberme permitido ser más feliz”

Refiere la autora que muchas personas se arrepienten por haber perpetuado situaciones que no los hacían tan felices por miedo a enfrentar el cambio y salir de la zona de confort (https://www.biobiochile.cl/noticias/2011/12/14/cuidadora-de-enfermos-terminales-revela-5-cosas-de-las-que-casi-todos-se-arrepienten-antes-de-morir.shtml)

Ante esto una última reflexión; hay que recordar que nuestra vida en la Tierra es finita; por lo que no dejes para mañana, pasado, la próxima semana, o el mes que viene lo que una parte de ti anhelaría comenzar hoy. Haz que esa parte, de una vez por todas, sea escuchada…y que la palabra arrepentimiento aparezca sólo en los libros.

En lo personal, puedo decir que ya lo comprendí, lo mastiqué, lo procesé y dejé de sólo “sentir las ganas” de desarrollar un proyecto de vida satisfactorio, sino que decidí ponerlo en práctica…y, como cuando uno comienza a ir al gimnasio, los intentos de evasión están a la vuelta de la esquina…TODO es una tentación…pero la verdad es que cuando lo que estoy haciendo apunta a perseguir mis objetivos, me siento taaaan leal a mí misma, que el orgullo se me sale por los poros. Si, se puede, con casa, pareja, hijos, trabajo, familia, miedos, dudas, hormonas y, no nos olvidemos, un deseo constante de procrastinar como sea…SE PUEDE, PORQUE QUIERO Y PUNTO.

¿Y tú? ¿Quieres? Porque de poder, puedes.

Si eres mujer mayor de 40 años, si tienes un ruido más o menos molesto o un proyecto en camino…si algo estás procrastinando…escríbeme.  HABLAR es el primer paso para comenzar a MATERIALIZAR.

No dejen de ver la genial charla TED acerca de este tema.