Soy Psicóloga y trabajo acompañando a mujeres en la creación de un proyecto de vida satisfactorio, basado en sus necesidades y que permita dar (se) un espacio a lo que ellas quieren. Para eso a veces hay que reinventarse…pero pasa bastante que ya no sabemos qué es lo que queremos y si lo sabemos, lo postergamos.

Pero como el cuerpo y la mente son sabios, nos ponen en alerta a través de manifestaciones somáticas, cansancio, aburrimiento, abulia, frustración, rabia, pena y un largo etc. Ante este panorama los caminos son diversos, pero comenzando con dos acciones fundamentales: seguimos igual, con el piloto automático a todo dar (siendo el esfuerzo cada vez mayor) o nos hacemos cargo. Por supuesto que soy fan del segundo, aun siendo un proceso largo y muchas veces trabajoso.

¿Por qué nos postergamos? Leyendo sobre los mandatos de género (una entre varias miradas explicativas) encontré esto:

“Los mandatos explicitan que las mujeres sabemos cuidar y que forma parte de nuestra herencia cultural. Sin embargo, el contrapunto está en que ese cuidado no es el propio, es cuidado para el “otro”, y el “otro” entendido como el/la hijo/a, la pareja, la familia, el equilibrio, la tierra, la paz, y todo el resto del “mundo mundial”. Así, la “disponibilidad”, la “amabilidad”, “la confortabilidad”, “el saber estar” confluyen en ese cuidado del otro(s). Los valores de la feminidad están hechos para “sostener”, y así se configuran nuestros vínculos emocionales y nuestra forma de entender la salud.

Entonces me pregunto: ¿Si somos expertas en “cuidados”, por qué a veces olvidamos el cuidado de nosotras mismas?